
En esta ocasión les pondré un texto sobre los cachalotes. Ya desde hace algún tiempo tenía ganas de escribir algo sobre ellos, pues me llama mucho la atención que son animales enormes y que su principal fuente de alimento, son los calamares. Pero no son calamarcitos, ¡sino calamares gigantes! Es por eso que los cachalotes tienen toda la cara rayada, pues al intentar comerse a los moluscos terminan todos rasguñados.
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Con una longitud que llega a los 18 metros y un peso de hasta 50 toneladas, la ballena cachalote es el odontoceto (ballena con dientes) más grande del océano. Su cabeza es tan grande que representa 1/3 de la longitud del cuerpo y habita en prácticamente todos los océanos.
Las historias de estos enormes cetáceos encajan en las novelas de Julio Verne al ser protagonistas de las batallas más increíbles del mar, ya que se les han encontrado marcas en la piel resultantes de peleas con calamares ¡de hasta 18 metros!
Durante milenios, los cachalotes han paseado majestuosos por los mares del mundo ofreciendo un magnífico espectáculo. Espectáculo que estuvo a punto de desaparecer en el siglo XX, cuando el desarrollo de una voraz industria ballenera los hizo víctimas de una persecución implacable. Los cachalotes fueron los preferidos de la industria ballenera de 1950 a 1985, perjudicando a sus poblaciones al grado que aún hoy no se recuperan. Desde el siglo XVII ya eran cotizados su grasa, sus grandes dientes de marfil, el fino aceite del órgano de espermaceti y el ámbar gris, una masa contenida en el estómago de algunos individuos y muy apreciada como espasmolítico y estabilizador de fragancia.
Esa cacería no es la única amenaza. A ella se sumaron los impactos ocasionados por la contaminación de los mares, la sobreexplotación pesquera y el tráfico ilegal, choques con barcos, así como los efectos del adelgazamiento de la capa de ozono y el cambio climático.
Estos peligros se presentan incluso en santuarios balleneros. El Golfo de California, por ejemplo, representa uno de los lugares donde abundan los cachalotes. Sin embargo, éstos se alimentan de una especie de calamar que es capturado comercialmente y cuya sobrepesca puede afectar las poblaciones de cachalote.
En esa misma región se ha documentado que de 1995 a 2003 la muerte de la gran mayoría de los mamíferos marinos se debió a su contacto con artefactos pesqueros frente a las costas de Sonora, especialmente por redes tiburoneras. Entre los mamíferos marinos afectados estuvo el cachalote (así como la ballena gris, ballena azul, ballena picuda de cuvier, el rorcual tropical, delfín común y lobo marino). Del 100% de la interacción de cachalotes con chinchorros tiburoneros, el 90% eran hembras con sus crías.
Por si fuera poco, el primer estudio global sobre niveles de contaminación en mamíferos marinos reveló que los cachalotes del Golfo de California están acumulando sustancias químicas producidas por las actividades humanas, conocidas como contaminantes orgánicos persistentes (COP). Entre las sustancias acumuladas en el tejido de estos mamíferos marinos destacan altos niveles de DDT seguidos de bifenilos policlorinados.
Por todo lo anterior, Greenpeace investiga a las poblaciones de cachalotes, ya que estos pueden ser un indicador ambiental de la salud de los océanos. Asimismo, creemos que para asegurar la recuperación de las poblaciones de ballenas necesitamos no sólo detener su cacería sino proteger todo el ambiente como uno solo. Las Áreas Marinas Protegidas, zonas donde se restringe el impacto ecológico, pueden ser la solución.
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