
Una de las más grandes bendiciones del creador a la humanidad es sin duda la cocina Peruana. Como mexicano que soy, orgulloso hasta las cachas, nunca dudé de que mi país tiene todo para callar a cualquier otro. Playas, selvas, montañas, lo que sea. Pero sólo un reto de un amigo peruano seguro de sí mismo me hizo dudar... "La comida peruana es la mejor del mundo".
La mejor manera de saberlo era investigando, y probando. ¿Se vale decir que Dios se esconde en lo más sencillo? Los platillos peruanos te asaltan el paladar, te roban la razón, y el orgullo.
La papa a la huancaina, el lomo saltado, el ají de gallina, la sopa de mariscos, los anticuchos, son, de algún modo, caballeros de trinchera, resguardando al rey. Ese rey al que me refiero, es simplemente, el cevichito peruano.
¡Oh Dios! que te escondes en la belleza de la simplicidad. Probar el cevichito peruano es renegar contra ti. ¡Y renegar por habérmelo negado por tantos años hasta ahora! Probar el cevichito con una cerveza, bajo un sol cálido, conviviendo con mis amigos, viendo el fútbol de mi amado equipo Cruz Azul con mis hijos y escuchando a música andina, son para bendecirte.
Dios bendiga a Perú y a su gente. Eso es lo primero que asalta mi mente cuando pruebo mi cevichito. No se nieguen al placer y rétense a probarlo, o a prepararlo. Hay muchas páginas que pueden consultar y aprender a hacerlo vivo, entre ellas está la de Don Lucho, que pone en el detalle la pasión, y en la obra una inspiración.
Lenguado o pargo, o huachinango, ¿con camaron? cebollita morada, limón, ajinomoto, sal, lechuguita, camotito, pimienta negra molida, ajo, chilito habanero, mírenme, mézclénse, háganse uno.



