
Un buen dia iba yo caminando sobre el puente internacional de Laredo, de México a
Estados Unidos. El vuelo desde Guadalajara a Nuevo Laredo es rápido, pero los taxis
curiosamente te cobran menos de 50 pesos del aeropuerto al Puente. ¡Ah! pero si
quieres que te "crucen" al otro lado, te cobran 50 Dólares.
Bueno pues normalmente lo más sensato es bajarse en el puente y cruzar caminando, hay una zona peatonal dispuesta para tal fin, que no es gratis, pero bueno.
Pues retomando el relato, les decía, iba yo mas o menos llegando a la mitad del
inmueble cuando me llamó la atención una bolita de gente. Un señor mayor que hacía de juez, y 2 tórtolos mas una serie de testigos estaban apostados en la meritita mitad del puente. En esa mitad del puente hay una placa, que marca la división de un país y otro. Pues bien, el novio estaba del lado mexicano de la placa, y la novia, del lado gringo.
Me quedé un rato a ver lo que sucedía a cierta distancia. Pues bien, era una boda. El juez era estadounidense así como la novia. El novio era mexicano, pero no tenía ni visa de turista ni residencia, por lo que no podía visitar, ni mucho menos casarse, en Estados Unidos. Imagino lo romántico de la historia: La gringa echando reven en los numerosos antros del lado mexicano, y el galán buscando una princesa americana que le llenara sus ilusiones.
Al final de la ceremonia, cortita pues no es prudente bloquear por mucho tiempo el paso de la gente, el juez decreta la validez del matrimonio y otorga un papel de residencia a nuestro paisano, con lo cual, ahora si, puede pasar caminando, igual que todos nosotros, al lado gringo, para disfrutar en una gran fiesta, de su flamante esposa, su flamante residencia y su flamante futuro.
Off
Woooow, es historia estuvo con madre!!!! muy chida en verdad... me acordé de cuando Homero Simpson vivita Austrai y se la pasa brincando de un lafo a otro, jejejee
ResponderEliminarCure, excelente historia digna para una película romantica y llena de mermelada con el toque gringo.
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